La frase “Zapatero a tus zapatos” ha demostrado su vigencia al hacerse evidente lo que está ocurriendo con la marca de vehículos Tesla a partir del involucramiento desenfadado de su fundador, Elon Musk en la administración Trump.
Nadie discute si Musk es hoy el hombre más rico del mundo, su patrimonio se estima en más de 340 mil millones de dólares y a pesar de haber perdido unos 40 mil millones desde el inicio del año, sigue siendo 109 mil millones más rico que el segundo, Mark Zuckerberg.
Space X, Tesla, X, Neuralink y algunas empresas más están bajo su control directo y hasta hace poco las expectativas de que gracias a su influencia estas puedan ser aún más grandes, influyentes y ricas, han chocado con la dura realidad de que muchos de aquellos que lo admiraron por su ingenio, peculiar personalidad, capacidad de crear valor y mirar al mundo desde diferentes perspectivas, han desatado no solo su enojo contra él, sino su ira contra sus marcas, particularmente Tesla, la marca de automóviles más valiosa del planeta.
A pesar de que el presidente Trump llama a Musk patriota y héroe y que convirtió el jardín de la Casa Blanca en showroom para Tesla durante algunas horas y que frente a la prensa compró uno, no ha parado la caída en el precio de sus acciones y la empresa se ha desvalorizado dramáticamente desde que se inició el año, cayó de 1.54 billones a 800.000 millones de dólares.
El desencanto de los consumidores actuales y potenciales de la marca no está relacionado al desempeño de los vehículos, es un clásico ejemplo de transferencia de valores (anti valores) del fundador a la marca. En este caso su, intencional o no, saludo a la usanza Nazi, las posturas radicales a favor de políticos de extrema derecha en varios procesos electorales y el presidir el ente gubernamental de USA encargado de reducir burocracia y lograr ahorros, entiéndase despidos, han generado no solo un boicot afectando fuertemente las ventas, sino violencia y vandalismo contra los distribuidores, pero lo más complejo es que la marca se asocia hoy a emociones y sentimientos negativos que por ahora nadie está tratando de corregir.
Lo indiscutible es que las marcas y los empresarios al abanderizarse con causas polémicas tienen muy poco por ganar, sean estas “woke” o “antiwoke”.
Aplica inclusive para el más rico del mundo.
(Publicado previamente en Expreso)
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